El reconocimiento de la relación
entre el carácter, el temperamento, los sucesos vitales con la enfermedad
coronaria es contemporáneo con la descripción original de
la enfermedad en el siglo XVIII. La relación entre el corazón
y las emociones se describe desde hace miles de años en textos históricos,
médicos y religiosos. Muchas palabras inglesas describen estados
emocionales intensos utilizando el vocablo Heart (corazón): Heartbreak:
congoja; Heartache: angustia; heavyhearted: pesadumbre, sugiriendo el vínculo
entre el síntoma cardíaco (Heart) y el estado emocional.
Los términos angina, angustia, anger, anguish, anxiety, tienen una
raíz griega común que significa apretar, sofocar.
Son varios los motivos por lo que en la primer clase de este curso de MEDICINA
DEL ESTRÉS hay una introducción a la patología cardiovascular
(CV) vinculada. La enfermedad CV en general, y la enfermedad arterial coronaria
(EAC) en particular constituyen la principal causa de enfermedad y muerte
para hombres y mujeres, tanto en los países desarrollados como en
aquellos en vías de desarrollo, existiendo en estos últimos
una marcada tendencia a aumentar.
El estrés psico-social en sus diferentes modalidades está
incorporado a numerosos capítulos de la literatura cardiovascular.
En esta clasificación, incompleta, insuficiente e inadecuada como
todas las clasificaciones que conozco, enumero las entidades patológicas
que incorporan al estrés como causa de aparición o agravamiento
en su evolución.
Son numerosas las entidades que en forma directa o indirecta son provocadas
y/o agravadas por el estrés emocional y social: El estrés
produce la enfermedad o acelera y complica su evolución. En algunos
casos, como su vinculación a comportamientos deletéreos, el
estrés participa en los estadios subclínicos de la enfermedad,
especialmente la ateroesclerosis. En otros casos, mecanismos fisiopatológicos
desencadenados por las situaciones de distrés disparan eventos sobre
condiciones previas o predisposiciones, tal el caso de la muerte súbita
(M.S.) en ciertos tipos de Síndrome de QT largo congénito
(LQTS). Pero sin dudas, por su prevalencia, la enfermedad arterial coronaria
en sus diferentes manifestaciones, es la condición más ampliamente
estudiada en su relación a los factores psico-sociales. El IAM, las
diferentes formas de angina de pecho (estable, inestable) y la M.S. afectan
a decenas de miles de personas todos los años. La E.A.C. es la que
genera mayores costos médicos, directos e indirectos en el mundo
occidental. El proceso ateroesclerótico comienza por el depósito
lipídico en la íntima arterial, con relación a los
niveles séricos de colesterol ligado a LDL y a la pérdida
de los mecanismos defensivos del endotelio vascular, mediados fundamentalmente
por el Óxido Nítrico (NO). La evolución deposición
– respuesta reparadora (inflamación) hace progresar y complica
la placa, haciéndola obstructiva a la luz vascular, conduciendo a
un disbalance oferta-demanda de sangre (Oxígeno), manifiesto por
el cuadro de isquemia miocárdica clínica (angina de pecho,
disfunción ventricular) o subclínica (sin síntomas).
Pero además, en cualquier momento evolutivo de la placa, puede producirse
un accidente de la misma, con disrupción de la capa que separa el
contenido lipídico de la corriente sanguínea. Ese contacto
desencadena a nivel local un proceso trombótico abrupto que obstruye
severamente (angina inestable) u ocluye la arteria coronaria (IAM, M.S.).
El estrés psico-social, a través de diferentes mecanismos
PNIE participa en los procesos subyacentes a nivel metabólico (factores
de riesgo), a nivel hemodinámico (activación simpática
con reactividad cardiovascular), a nivel de la hemostasia (activación
plaquetaria) y a nivel de la activación inflamatoria (linfocitos
activados y citoquinas pro-inflamatorias locales y sistémicas). Los aspectos psico-sociales importan porque: 1)
son altamente prevalentes en los pacientes portadores de patología
CV. El estudio de Vigilancia Nacional de Co-morbilidad (National Comorbidity
Survey, Kessler y col. 1994) encontró que el 48% de la población
padece en algún momento de su vida algún trastorno depresivo,
por ansiedad o consumo de drogas. La tasa de prevalencia de depresión
mayor en la población general es del 5%, mientras que para la población
con E.A.C. es del 15% ó más. Además, otro 15 a 20%
de los pacientes cardiópatas, exhiben síntomas depresivos
que no adquieren criterios de depresión mayor, y de igual modo,
trastornos de ansiedad como la ansiedad fóbica y las crisis de
pánico son muy frecuentes en esta población.
2) Generan síntomas que simulan o se disfrazan de molestias cardíacas.
El distrés psicológico, así como los trastornos por
depresión mayor y por ansiedad provocan síntomas tanto en
la esfera psicológica como somática, especialmente dolor
torácico, opresión y palpitaciones. Se estima que 3/4 partes
de estos pacientes buscan en primera instancia asistencia médica
lo que convierte al cardiólogo muchas veces en el primer profesional
en ser consultado por el paciente. Deben considerarse estas posibilidades
en ausencia de patología cardíaca orgánica objetiva
y evitar así el sub-diagnóstico de dichas condiciones de
distrés psicológico. Por ejemplo, un estudio prospectivo
con 441 pacientes que se presentaron en el departamento de cuidados cardíacos
de emergencia, fueron evaluados por psiquiatras en forma “ciega”.
El 25% tuvo diagnóstico de “crisis de pánico”.
De estos pacientes, solamente el 2% fue correctamente diagnosticado por
los cardiólogos.
3) Paradójicamente constituyen una barrera para la intervención
médica, la adherencia y el mantenimiento a largo plazo de los tratamientos
crónicos. Di Matteo en dos metaanálisis encontró
que los pacientes con depresión presentan 3 veces mayor riesgo
de ser “No-adherentes” a las recomendaciones terapéuticas,
y que dicha adherencia se vincula en forma directa con la magnitud del
soporte social, tanto estructural como funcional.
4) Los factores psico-sociales se asocian ente sí y con los factores
de riesgo coronario tradicionales tanto metabólicos, cardiovasculares
como comportamentales. Hábitos deletéreos como el de fumar,
el consumo de drogas, la sobrealimentación y el sedentarismo, todos
ellos considerados factores de riesgo, son mucho más prevalentes
en las personas que padecen diferentes formas de distrés psicológico.
Finalmente, como lo vamos a intentar desarrollar en esta clase, los factores
psico sociales 5) son capaces de disparar eventos cardíacos agudos
y 6) constituyen per-se factores de riesgo significativos de EAC.
Clasificaremos a los factores psico-sociales arbitrariamente en emocionales
y sociales. Siguiendo es esquema general de la clasificación de
estrés en esta introducción, en agudos y crónicos.
En coincidencia con algunos autores, incluyo la categoría de factores
sub-agudos, factores que operarían por un tiempo limitado.
Entre los factores emocionales agudos incluimos a la emoción Ira,
la Cólera y con los emocionales crónicos, la Depresión,
los Trastornos de Ansiedad, la Personalidad tipo A, la Hostilidad, y el
rasgo Agresividad – Irascibilidad. Los estresores sociales agudos
descriptos en la literatura están formados básicamente por
las catástrofes naturales y sociales, mientras que los sociales
crónicos que se han descrito en vinculación a la patología
C.V. son la Tensión Laboral, el Bajo Soporte Social, el Bajo Status
Socio-Económico, el Estrés Matrimonial y el Estrés
del Cuidador.
Finalmente, los estresores sub-agudos son un grupo aparte que según
algunos autores constituyen una suma de situaciones estresantes antecedentes
de una patología, generalmente coronaria, que actúa durante
un período de tiempo limitado, y se agrupan según la clasificación
de Holmes y Rahe de eventos vitales o cambios de vida recientes.
En resumen, los factores psico-sociales se agrupan entre sí y con
los factores de riesgo tradicionales de E.A.C., favorecen la aparición
y desarrollo acelerado de aterosclerosis subclínica y crean condiciones
propicias para la aparición de eventos vasculares agudos.
En relación a los estresores agudos, quiero dejar una inquietud.
Si bien en la clasificación menciono emociones complejas, con componente
subjetivo, cognitivo y de evaluación y ponderación particulares
de cada sujeto, las mismas son “herederas” de emociones primarias
como el miedo, con la que comparten mecanismos psico-neuro-biológicos
comunes. A partir de ese tipo de emoción podemos interpretar a
todas las demás, por lo menos en su núcleo original. Aunque
no existe acuerdo sobre una definición de “emoción”,
utilizamos el término para referirnos a nuestros sentimientos y
estados de ánimo, a cómo éstos afectan nuestra conducta
manifiesta y a la respuesta de nuestro cuerpo. Es decir un componente
cognitivo (participa la corteza cerebral), un componente somático
motor, neurovegetativo y endocrino (integrado a nivel subcortical, amígdala,
hipotálamo y tronco cerebral) con manifestaciones que llamamos
componentes periféricos de la emoción. Una teoría
sobre la emoción debe explicar la relación entre el estado
cognitivo y el estado fisiológico .
Si uno tuviese que describir la secuencia de fenómenos que ocurren
con relación a las emociones, uno supone que ante un estímulo
productor de una emoción intensa (una explosión, el incendio
de mi fábrica o la aparición de un ladrón armado
o un animal salvaje), surge una cognición con participación
de la corteza cerebral que interpreta el evento como una amenaza, lo que
produce a su vez una serie de manifestaciones corporales (sudación
de manos, sequedad de boca, aumento del tono muscular, taquicardia, taquipnea,
hipertensión arterial, etc.) consecuencias de aquella. Tal activación
cortical se integraría a nivel de las estructuras subcorticales
que regulan una serie de respuestas automáticas, y que constituyen
las manifestaciones “periféricas” de la emoción
(Teoría de Cannon y Bard). Al descubrirse que las respuestas emocionales
de los pacientes que sufrieron sección medular accidental disminuyen,
y lo hacen más cuanto más alto es el nivel de la sección,
Lange y James proponen una teoría alternativa, la más aceptada
actualmente, y es que las manifestaciones corporales preceden a la experiencia
cognitiva. Como si la respuesta fisiológica automática a
la amenaza se integra en principio, más velozmente, a niveles inferiores,
independizándose de cualquier acto voluntario que la modifique
(mecanismo de protección que evita “perder el tiempo”).
Tales cambios corporales periféricos acceden a la corteza cerebral,
vía talámica para convertir al estímulo desencadenante
en una experiencia emocional (miedo, angustia, desesperación, ira).
En definitiva, no temblamos porque tenemos miedo, sino tenemos miedo porque
temblamos; no lloro porque estoy triste, sino que estoy triste porque
lloro.
Resumiendo, Schachter propuso que la corteza elabora una respuesta cognitiva
a la información periférica, congruente con las expectativas
del sujeto y el contexto social. Lo hizo después de una experiencia
en humanos a los que inyectó adrenalina. A un grupo les explicó
los efectos colaterales y todos fueron sometidos a condiciones molestas
o agradables. La respuesta emocional (ira o euforia) fue marcadamente
menor en los sujetos avisados de los efectos de la droga, porque atribuyeron
a la misma su activación, mientras los demás percibieron
su activación como pura respuesta emocional a las condiciones generadas.
En la teoría James - Lange - Schachter - Damasio, la emoción
es una historia que el encéfalo inventa para explicar las reacciones
corporales. Damasio la denominó HIPÓTESIS DEL MARCADOR SOMÁTICO
y es sugestiva porque da cuenta del hecho de que las mismas respuestas
autónomas acompañan a diferentes emociones. Este comentario
no es casual: si mi experiencia emocional responde a mi respuesta somática,
al neutralizar o atenuar la misma, por ejemplo mediante fármacos,
podré atenuar entonces la intensidad de mi emoción, y así
una persona con pánico ante el discurso en público se verá
beneficiada con bloqueantes de los receptores beta.
La Ira es tal vez la emoción estresante aguda más estudiada
en la literatura. El IAM o la M.S. en el contexto de una discusión
acalorada es conocido, lo hemos visto en el cine y nadie duda que es posible.
Sin embargo recién en 1995, Mittleman y col. encuentran que la
ira aumenta 2.3 veces el riesgo de padecer un IAM no fatal durante las
2 horas siguientes al evento emocional. Este estudio se realizó
con 1623 pacientes sobrevivientes de un IAM, mediante un formato de entrevista
retrospectiva, utilizando una escala auto-referencial de ira de 7 puntos.
Tal impacto fue independiente del sexo, edad, antecedentes diabetes e
HTA. Los consumidores habituales de AAS no mostraron esa diferencia, lo
que sugeriría la participación de mecanismos fisiopatológicos
abordables desde el punto de vista preventivo y terapéutico en
la interfase psico-biológica.
Los estresores agudos que actúan a nivel poblacional, tienen importantes
consecuencias epidemiológicas. Obviamente, la relevancia de estos
sucesos está modulada por aspectos culturales y educacionales.
Tal es el caso de lo observado en Inglaterra cuando la selección
de fútbol Argentina derrotó por definición por penales
a la inglesa en el torneo mundial de Francia 1998. el impacto epidemiológico
fue un incremento del 25% en los IAM durante 3 días, en comparación
con la tasa promedio y con similar fecha años previos y posteriores.
Las catástrofes sociales y naturales impactan fuertemente y en
este punto, los terremotos como el de Los Ángeles del año
1994 constituyen modelos que confirman el poder de estos estresores intensos
sobre la población.
El estrés agudo es más fácil de reproducir en el
laboratorio que el crónico. Así como se utilizan las pruebas
de apremio físico o farmacológico para evocar isquemia en
el paciente coronario, también existen pruebas de estrés
emocional inducido con el mismo objetivo. Mediante técnicas sofisticadas
de electrocardiografía dinámica. imágenes de ecografía
y radioisotópicas y la evaluación de la función endotelial
ante apremios psicológicos como tests aritméticos, una alocución
ante observadores, tests de argumentación, recordación de
situaciones generadoras de ira, test de Stroop (color-palabra), video
games competitivos, etc., se ha demostrado que alrededor de la mitad de
los pacientes que presentan ergometrías positivas, también
denotan isquemia miocárdica ante pruebas de estrés mental.
Es raro que un enfermo coronario con ergometría normal presente
respuesta anormal a los tests mencionados. Pero existen no obstante diferencias
que debemos considerar:
1) cuando una prueba mental induce isquemia. Lo hace con un doble producto
menor que con una prueba de esfuerzo. 2) es muy frecuente que la isquemia
inducida por estrés sea electrocardiográfica y clínicamente
“silente”. 3) la frecuencia y magnitud de la isquemia inducida
por estrés mental varía de acuerdo al tipo de estresor utilizado.
Específicamente si depende de la carga emocional y de la relevancia
personal de la prueba, como una argumentación por una carga o falta
personal, las posibilidades de evocar alteraciones de la motilidad parietal
del VI son mayores que en una prueba inespecífica, como un test
aritmético. 4) La prueba de esfuerzo es “graduada”,
es decir que la carga no es abrupta sino paulatinamente creciente, lo
que permite desde el punto de vista fisiológico un mecanismo de
“calentamiento” y protección adaptativa. En cambio
el estrés inducido es más abrupto, de respuesta “on
– off”, aunque 5) nunca alcanza los niveles de estrés
de la situación real, ya que nunca el recuerdo de una situación
de ira tiene la potencia del momento en que el paciente presentó
el evento en forma real. Ironson y col. En 1992 publican un trabajo en
el que demuestran que la “evocación de ira” como prueba
de estrés mental inducido, tuvo mayor poder para generar disfunción
ventricular (utilizando ventriculografía radioisotópica)
que una ergometría convencional en enfermos coronarios “leves”
(enfermedad de un vaso). Más recientemente, Akinboboye y col. (2005)
en un estudio patrocinado parcialmente por el NIH, encontraron que el
estrés mental inducía isquemia miocárdica en mayor
medida que el ejercicio en pacientes coronarios con deterioro severo de
la función ventricular, mientras que si la función era normal
o levemente deprimida, la relación era inversa. Demostraron así
que el estrés psicológico ocupa un lugar fundamental en
la evolución clínica de estos enfermos.
Los estresores crónicos se vinculan con la aparición de
enfermedad en personas aparentemente sanas, y con la aparición
de eventos en portadores de E.A.C. previa. Los describen la aparición
de eventos en sujetos con y sin antecedentes, o aparición y evolución
desfavorable de “marcadores” de enfermedad subclínica,
asumiendo que constituyen condiciones intermedias necesarias. Finalmente,
el estrés crónico se asocia a factores de riesgo coronario
metabólicos y conductuales que también constituyen per se
un mecanismo patogénico relevante.
Los estresores emocionales crónicos destacan a la Depresión
como el más estudiado en los últimos años. La depresión
es un factor de riesgo de enfermedad coronaria ya consolidado en la lista
de factores que inducen la aparición de la enfermedad, y con un
gradiente progresivo en cuanto a la magnitud del trastorno emocional y
la posibilidad de desarrollar eventos coronarios.
La depresión se vincula a la aparición de E.A.C. en sujetos
sanos y a un peor pronóstico en los portadores. Además el
vínculo respeta un gradiente de relación entre la gravedad
de la depresión y las posibilidades de presentar eventos cardíacos
adversos, apreciándose un impacto sobre el riesgo de complicaciones
desde niveles sub-clínicos de depresión.
El estudio de Lesperance, Frasure-Smith y col., del año 2002 encontró
diferencias en la mortalidad a 5 años de una población de
casi 900 pacientes sobrevivientes a un IAM, según el score de Beck
(BDI: Beck depression inventory) al momento del IAM e independientemente
de los cambios que pudieron presentarse dentro del primer año.
Este estudio también demuestra el impacto de niveles de depresión
leve (BDI: 5 – 9).
Un aspecto particular de la depresión, la desesperanza, fue evaluado
en un estudio epidemiológico prospectivo por Anda y col. en 1993,
encontrando que la respuesta “SI” a la simple pregunta: <<¿Durante
el último mes se ha sentido usted tan triste, desalentado, desesperanzado
o ha tenido tantos problemas que ha llegado a preguntarse si realmente
algo vale la pena?>> duplicaba el riesgo de E.A.C durante el período
de seguimiento.
La desesperanza se vinculó además con un proceso acelerado
de aterosclerosis carotídea.
El agotamiento vital, otro cuadro vinculado a la depresión y medido
por el Cuestionario de Maastricht de 37 ítems, se focaliza en 3
síntomas: fatiga, irritabilidad y pensamientos desmoralizantes.
El agotamiento vital predice E.A.C. futura y/o eventos cardíacos
tanto en sujetos sanos como en portadores de la enfermedad.
TRASTORNOS DE ANSIEDAD: Hasta el momento no existen datos epidemiológicos
concluyentes que vinculen diferentes formas de ansiedad crónica
con E.A.C. Los estudios de mayor tamaño se realizaron en hombres,
cuando la prevalencia de estos trastornos es mayor en mujeres. Hasta la
actualidad podemos encontrar una relación entre la ansiedad fóbica
y la MS cardíaca, pero no con el IAM y la muerte cardiaca no súbita.
Dos estudios relacionaron el pánico y la preocupación (una
subcategoría de la ansiedad generalizada) con resultados positivos
pero no concluyentes. Los ensayos con portadores de E.A.C. son de escaso
número de pacientes, lo que les quita significación estadística.
La hostilidad y la ira rasgo (“ira crónica”, irascibilidad)
son elementos fundamentales de lo que se describió como Personalidad
tipo A o mejor dicho comportamiento tipo A (TABP).
En relación a la Personalidad tipo A (TABP) vale la pena hacer
una revisión histórica, ya que tal vez su descripción
original pueda ser hoy fuertemente discutida, pero sin duda constituyó
el nacimiento de una nueva disciplina que vinculó la psicología
a la patología médica. Rosenman y Friedman describieron
a finales de los 50´ un síndrome caracterizado por competitividad,
hostilidad, impaciencia, y gran compromiso con el trabajo. La hipótesis
de que tales características predispongan a la aparición
de E.A.C. fue confirmada por el WCGS que encontró un RR de 2.24
para los portadores de ese tipo de comportamiento. Además, como
tales hallazgos fueron confirmados en otros estudios (Framingham) tanto
en hombres como mujeres, la incorporación de la TABP como factor
de riesgo coronario se impuso. Sin embargo, estudios posteriores, con
fuerte peso epidemiológico, comenzaron a entregar resultados contradictorios,
y las evidencias previas fueron perdiendo robustez. Tal es el c aso de
los pacientes del estudio MrFIT, uno de los más grandes ensayos
de la epidemiología de los factores de riesgo coronarios. Peor
aún, cuando se intentó vincular la TABP con la evolución
de enfermos coronarios, y se encontró una relación inversa,
incluso con los pacientes sobrevivientes de infartos del WCGS (Ragland
y Brand). Sirva esta pequeña historia como ejemplo de la paciencia
que debemos tener para alcanzar una evidencia médica y poder desmenuzar
cada aspecto, cada componente de un vínculo tan complejo como es
el de la conducta, los aspectos psicológicos y la aparición
de la E.A.C.
Tal como podemos ver ilustrado en este slide, el RR de E.A.C. para sujetos
portadores de TABP sería mayor cuanto más sana es la persona;
perdería poder predictor cuando coexiste con otros factores de
riesgo y podría hasta ser beneficioso en enfermos coronarios. En
estos últimos, como lo demuestra en grupo de la Universidad de
Duke, cuando la carga de daño fisiológico por la enfermedad
es lo suficientemente importante, los pacientes con TABP tuvieron mejor
sobrevida que los pacientes con tipo B, mientras que si el compromiso
fisiológico era menor, la relación se invertía, aunque
en forma no significativa.
No obstante, el grupo de San Francisco que describió originalmente
el cuadro no se rindió. Argumentaron, no sin razón, que
existieron severos vicios diagnósticos en muchas publicaciones,
ya que ellos utilizaron la entrevista estructurada en el estudio WCGS,
mientras otros grupos basaron el diagnóstico en cuestionarios auto-suministrados,
que aparentemente tienen severas dificultades en ponderar adecuadamente
aspectos fundamentales de este tipo de comportamiento como la hostilidad.
Desde 1984, el grupo de Friedman utiliza un arma que bien podría
considerarse el “Gold Standard” del diagnóstico de
la TABP, que es un Entrevista Estructurada filmada (V.C.E.: Vieotaped
Clinical Examination). Constituye un verdadero ejercicio de semiología
de la TABP, en el que se ponderan por separado, y se detallan síntomas,
características y signos psico-motores de la Impaciencia y de la
Hostilidad, rasgos insertos en el núcleo de esta entidad.
Si bien su detalle escapa al objetivo de esta clase, estos son algunos
componentes, síntomas, rasgos y signos psicomotores evaluados y
cuantificados en el V.C.E.
La hostilidad constituye el rasgo tóxico y la ira la emoción
tóxica de la TABP. La hostilidad es un amplio constructo psicológico
de orientación negativa hacia las relaciones interpersonales que
incluyen aspectos como el cinismo, la ira y la desconfianza. De igual
modo que con la TABP, los primeros estudios de hostilidad fueron alentadores
en encontrar un vínculo positivo con la E.A.C., pero sucesivos
ensayos fueron inconsistentes. Los métodos diagnósticos
para evaluar hostilidad e ira varían ampliamente, lo que impide
comparar, y mucho menos elaborar metaanálisis confiables. Los cuestionarios
auto – suministrados serían muy poco sensibles debido a una
sistemática negación y falta de consideración a la
hora de evaluar la hostilidad auto reportada. De todos modos, los estudios
de mayor envergadura en población saludable, con más tiempo
de seguimiento y menos pérdidas durante el mismo, mostraron una
clara tendencia a una mayor tasa de eventos en los portadores de mayores
scores de hostilidad. En cuanto a los portadores de E.A.C. sólo
hay pequeños estudios en la literatura, que mostraron peor pronóstico,
mayor progresión de las lesiones ateroescleróticas y más
tasa de re-estenosis post - angioplastías.
ESTRESORES CRÓNICOS: Una amplia gama de circunstancias negativas
de la vida promueven estrés crónico. Algunas de estas se
han vinculado a la aparición de E.A.C.
Los bajos niveles de soporte social son deletéreos para la salud.
El soporte social se divide en 2 grandes categorías: redes sociales,
que describen el tamaño, estructura, frecuencia de contactos con
la red de personas que rodean al individuo en estudio, y el soporte funcional,
que a su vez se divide en soporte social recibido y soporte social percibido.
El soporte social recibido resalta tipo y cantidad de recursos provistos
por la red social y el soporte social percibido, se refiere a la satisfacción
subjetiva con el soporte recibido, o a la percepción que el soporte
estará disponible de ser necesario. Tanto el soporte social percibido
como el recibido pueden ser de diferentes tipos: instrumental (ayuda a
obtener metas definidas), financiera (económica), informativa (provee
información necesaria), de apreciación (ayuda a evaluar
situaciones) y emocional (provee sostén afectivo, sensación
de ser amado, etc.). los 2 primeros son tangibles, ya que pueden cuantificarse.
El soporte social estructural, como el funcional deficientes, se asocian
a mayor mortalidad total y cardiaca en sujetos sanos y en portadores de
E.A.C.
El Status Socio-Económico se conforma por un conjunto de variables
que incluyen los recursos económicos, el nivel educativo alcanzado,
el status ocupacional y social. Se describe una relación directa
y un gradiente inverso entre el SSE y la frecuencia de eventos adversos
en sujetos saludables y portadores de E.A.C. en sujetos de bajo SSE se
encontró pérdida de la variabilidad de la concentración
de Cortisol y obesidad central con mayor frecuencia.
El trabajo es fuente de estrés crónico muy frecuentemente
estudiado. Existen 2 principales modelos epidemiológicos estudiados
en relación a la tensión laboral. El modelo de Karasek,
llamado “Modelo Job Strain” (tensión laboral) en el
que se evalúa la interacción de 2 variables relacionadas
al trabajo: la demanda laboral vs. Libertad de acción y elección.
Las personas expuestas a este vínculo con el trabajo realizan tareas
rutinarias, con ausencia de expresiones creativas y sometidas a un confinamiento
rígido. En el otro modelo, más desarrollado en Europa por
Siegrist, el estrés laboral es consecuencia de un disbalance entre
el esfuerzo laboral y la recompensa, medido el primero en términos
de demanda extrínseca (ej.: empleador exigente) o intrínseca
(auto-demanda) y la recompensa en forma de incentivo financiero, desarrollo
y crecimiento, autoestima, carrera y seguridad. Ambos modelos son constituyentes
del SSE y demostraron per se ocasionar E.A.C. y desarrollo de ateroesclerosis.
Los estudios realizados son predominantemente en hombres blancos, por
lo que se requiere extenderlos a ambos sexos y a otros grupos étnicos.
El estrés matrimonial es una forma de estrés crónico
estudiado más intensamente en mujeres. Curiosamente, uno de los
estudios más importantes al respecto, encabeza su presentación
haciendo referencia a que si bien el matrimonio se mostró saludable
en varones, para las mujeres los resultados no fueron concluyentes. Cerca
de 400 mujeres que participaron del Healthy women study, un enorme proyecto
norteamericano para evaluar la salud femenina, reclutando la población
en la pre-menopausia, fueron evaluadas 11 y 14 años después,
mediante ultrasonografía carotídea y tomografía Computada
Ultrarrápida (EBTC). Hechas las correcciones correspondientes a
la edad y otros factores de riesgo, las mujeres con matrimonios satisfactorios
(según un cuestionario simple de 7 puntos), mostraron menor relación
del grosor íntima/media en mm (IMT) a los 11 años del reclutamiento,
y menor incremento del mismo 3 años después, respecto a
las insatisfechas. Las mujeres que vivían solas tuvieron resultados
intermedios. Lo mismo se detectó al hacer un análisis de
las placas de ateroesclerosis halladas, siendo el puntaje y el crecimiento
menor en las que tuvieron scores de satisfacción.
Finalmente, un estresor crónico muy estudiado en los últimos
años es el de los cuidadores y convivientes con pacientes crónicos
incurables o terminales. Hasta el momento los estudios indican que ciertas
experiencias altamente significativas y altruistas son positivas, pero
cuando se acompañan de tensión emocional, muchas veces relacionada
al vínculo con el sujeto cuidado, el riesgo de E.A.C. aumenta significativamente.
Finalmente, algunos autores describen a los estresores sub-agudos. Focalizan
el interés en estudios observacionales que reportan una serie de
condiciones psicológicas prodrómicas durante los meses previos
a un accidente coronario, específicamente el desarrollo de un IAM.
Se definen como “la acumulación de eventos de vida estresantes
durante meses” generando patología durante un tiempo limitado.
A “vuelo de pájaro” les muestro uno de los primeros
intentos en cuantificar la relación entre los estresores sub-agudos
y la E.A.C. Holmes y Rahe (1967) desarrollaron a partir de una encuesta
a 394 adultos (hombres y mujeres) el “Cuestionario de Cambios de
Vida Recientes” (Recent Life Change Questionnaire) también
conocida como “Escala de Reajuste Social” (“Social Adjustment
Rating Scale”) en el que ponderan con diferente peso eventos en
un rango que se extiende desde aquellos con más fuerte connotación
emocional y por lo tanto mayor puntaje (muerte del cónyuge, divorcio,
pérdida del trabajo), hasta eventos menores, con menor peso en
el score final (vacaciones, fiestas, faltas menores).
Agrupación de Factores de riesgo psico – social:
En realidad, la desagregación realizada hasta el momento es absolutamente
ficticia: estos factores difícilmente se den aislados. El estrés
laboral está fuertemente relacionado con bajo status socio-económico
y depresión, la hostilidad y el aislamiento social son frecuentemente
factores asociados, y cualquier situación de vida capaz de evocar
respuestas emocionales negativas crónicas, pueden acarrear enfermedad
coronaria. Los factores psico-sociales agrupados, son sinérgicos
en el aumento del riesgo relativo de enfermedad, de igual modo que la
asociación de éstos con los factores de riesgo tradicionales.
Finalmente analizaremos:
• Estrés psico – social como factor de riesgo coronario.
A pesar de lo antedicho, el peso de los factores psico-sociales como riesgo
de EAC siegue siendo debatido. Numerosos reportes sindican al bajo status
socio-económico, al bajo soporte social y a la depresión
como potentes factores de riesgo de enfermedad y de ateroesclerosis subclínica.
Un meta-análisis de Rugulies y colaboradores ubican a los síntomas
depresivos y a la depresión clínica a la altura de los factores
de riesgo convencionales del estudio Framingham. El estudio INTERHEART
nos permite finalmente aceptar en forma indiscutida la importancia de
los factores de riesgo psico-social en la génesis de la EAC y permite
demás cuantificar el impacto per se, asociado a los otros factores
de riesgo, y además demostrar que su importancia es independiente
de factores culturales, geográficos y raciales. Éste es
un estudio caso-control que evaluó 8 factores de riesgo coronario
y un índice compuesto de factores psico-sociales, en una población
internacional de 11119 pacientes post-primer IAM vs. 13648 controles apareados
por sexo y edad, de 262 centros de 52 países en todos los continentes.
El índice psico-social es limitado al diseño del estudio
y se realizó con un cuestionario breve, de preguntas simples acerca
del estrés percibido en el hogar y en el trabajo, lugar de control
(ante lo que le sucede), depresión, eventos de vida adversos del
último año, estrés económico. La chance relativa
para IAM y el riesgo atribuible poblacional fueron sustanciales y comparables
a los otros factores de riesgo mayor. Además se mantuvo como predictor
independientemente de factores geográficos, étnicos y culturales.
• Estrés psico – social en comparación con los
factores de riesgo coronario tradicionales.
Concluimos entonces que el peso de los factores de riesgo psico-social
se equipara a los más pesados factores tradicionales como la dislipidemia,
el tabaquismo y la hipertensión, aunque también en este
punto deberemos asumir algunas consideraciones: existen razones para creer
que el riesgo de EAC vinculado a los factores psico-sociales es aún
mayor que la evidencia estadística, porque en primer lugar, los
factores metabólicos y conductuales tienden a agregarse desproporcionadamente
entre las personas con estrés crónico, y sin embargo este
efecto potencial se ve anulado por la convención estadística
que obliga a ajustar la tasa de riesgo psico-social a dichos factores
metabólicos y conductuales. En segundo lugar, las medidas de estrés
psico-social son imprecisas, tendiendo a subestimar el vínculo,
y por último los factores psico-sociales se agrupan incrementando
las posibilidades de eventos cardíacos y aumentando el desarrollo
de ateroesclerosis.
Según el estudio INTERHEART, el PAR del índice psico-social
fue de 29, lo que significa que de no existir dicho factor de riesgo,
la aparición de enfermedad se reduciría en 1/3 aproximadamente.
Este monto o “riesgo etiológico” es solamente inferior
al hábito de fumar, a la dislipidemia y la obesidad abdominal,
pero supera a la HTA, la diabetes, y al sedentarismo en el mencionado
estudio.
• Estrés psico – social en la mujer.
Si bien la ateroesclerosis y sus manifestaciones se presentan en la mujer
en forma “demorada” respecto al varón en 10 años
aproximadamente, el proceso ateroesclerótico se desarrolla en décadas,
lo que sugiere que el mismo comienza en la mujer en la etapa pre-menopáusica.
Disfunciones ováricas con menor producción de estrógenos
podrían estar involucradas en dicho fenómeno, y el estrés
psico-social es uno de los potenciales responsables de disfunciones ováricas,
como lo demostraron estudios en monos hembras, las que mostraron diferente
concentración de estrógenos (más las dominantes que
las subordinadas), y relación inversa en el desarrollo de ateroesclerosis
cuando fueron sometidas a dietas pro-aterogénicas. Los machos de
la misma comunidad mostraron un comportamiento distinto, siendo los dominantes
los más expuestos, sobre todo cuando fueron sujetos a situaciones
de distrés grupal con frecuentes re-acomodamientos del status dentro
del grupo. Otra evidencia al respecto es la mayor tasa de ateroesclerosis
subclínica en mujeres con irregularidades menstruales y la presencia
de menores concentraciones de estradiol en mujeres pre-menopáusicas
con lesiones coronarias documentadas. El estrés psicógeno
está vinculado al Hipogonadismo Hipotalámico funcional en
las mujeres pre-menopáusicas como lo demuestra un estudio sueco
que encuentra en mujeres con amenorrea secundaria mayor tasa de eventos
de vida estresantes, bajo peso, mayor tasa de anorexia nerviosa en relación
a la población general, solteras o solas y con trabajos predominantemente
intelectuales. Datos recientes confirman la presencia de anomalías
ováricas subclínicas capaces de producir pérdida
ósea pre-menopáusica. Si las hormonas ováricas son
realmente cardio-protectoras, mujeres con hipogonadismo hipotalámico
funcional y disfunciones ováricas sub-clínicas compartirían
con los monos hembras subordinadas una predisposición a al ateroesclerosis
acelerada y un mayor riesgo de EAC, especialmente porque una relativamente
modesta insuficiencia ovárica es suficiente para causar ateroesclerosis
en las monas.
• Mecanismos fisiopatológicos involucrados en la relación
del estrés y la enfermedad arterial coronaria.
Si bien el estrés provoca incremento de la tensión arterial,
no es capaz de conducir por sí solo a la hipertensión arterial
sostenida, pues necesita una serie de potenciaciones como susceptibilidades
genéticas, sobrecargas salinas, en las que funcionará como
gatillo, y adaptaciones estructurales (remodelado arterial) y funcionales
(sensibilidad de los barorreceptores) reforzarán y estabilizarán
las condiciones de tensión arterial resultantes.
La aterosclerosis es la enfermedad arterial responsable de la principal
causa de morbilidad y mortalidad en el mundo occidental. Por definición
es el endurecimiento de la arteria por infiltración fibrograsa,
siendo el elemento básico el ateroma. Involucra varias fases: 1)
injuria de la íntima arterial y disfunción endotelial; 2)
adherencia plaquetaria con liberación de sustancias bio-activas
con efecto estimulante del crecimiento y transformación celular
(factores de crecimiento o mitóticos), con efecto quimiotáctico
que atraen células de la sangre activas en la inflamación
(macrófagos, monocitos, linfocitos y PMN), citoquinas y leucotrienos,
y sustancias adhesivas que aumentan la adhesión de plaquetas al
área injuriada como V-CAM e I-CAM; 3) infiltración lipídica
a la pared arterial, especialmente de colesterol ligado a lipoproteínas
de baja densidad (LDL), el que ingerido por los macrófagos atraídos
y las células musculares lisas transformadas, pasan a formar las
“células espumosas”; 4) que al acumularse aumentan
el grosor de la pared, obstruyendo la luz del vaso y causando isquemia,
y al estallar liberan en el espacio extracelular lípidos que se
oxidan en contacto con mucopolisacáridos ácidos adquiriendo
un efecto irritante que por un lado alimenta el círculo vicioso
de daño – reparación fibrosa (la placa a esta altura
es fibrolipídica) lo que activa células de la sangre encargadas
de la limpieza de los restos (“scavenger cells” o células
depuradoras) las que destruyen la capa fibrosa por liberación de
metaloproteinasas, que son enzimas que diluyen el colágeno, exponiendo
el “core” lipídico para finalmente activar la coagulación
y ocluir totalmente el vaso, causando infarto del tejido tributario del
mismo.
La alteración de la placa ateroesclerótica y su complicación
tiene 3 fases: la placa inestable, la rotura de la placa y la trombosis
sobreagregada. Diferentes modalidades de estrés psico-social se
han vinculado con marcadores biológicos de riesgo, neuroendocrinos,
inmunológicos y hemodinámicos, todos ellos involucrados
en el proceso patológico.
Sin embargo, como he tratado de explicar a lo largo de mi exposición,
la relación causa – efecto entre los factores psicológicos
y sociales no nos permite un abordaje simplista, y sólo debemos
ser prudentemente optimistas respecto al futuro, habida cuente que la
epidemiología tradicional apenas nos ayuda a empezar a armar este
rompecabezas, pero nos induce a pensar y buscar causales pequeñas,
imposibles de detectar con métodos convencionales, a admitir la
existencia de factores confundidores inmersos en una vastísima
heterogeneidad etiológica.
Sólo se podrá progresar aprendiendo humildemente los unos
de los otros, trabajando codo a codo cardiólogos, clínicos
prácticos, psicólogos, psiquiatras, inmunólogos,
endocrinólogos, epidemiólogos y bioestadígrafos,
y por qué no genetistas e investigadores básicos.
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